miércoles, 21 de septiembre de 2016

EL DÍA DEL VIAJE

Mimí - No nos abandonaron... muy al contrario, todo lo que estaba pasando con nosotros tenía que ver con que nuestra mamá se iba a cambiar de país y nos estaba llevando con ella. Es bien sabido que los gatos no somos muy amigos de cambiar de casa a cada rato, ni mucho menos a cambiar de país, pero realmente es mejor pasar por todo ese proceso en lugar de ser abandonados en un refugio o en la casa de un nuevo humano que quien sabe si nos va a querer o no... sólo por eso le perdono a mamá el día del viaje que Jack y yo les vamos a contar.

Jack - Nos despertaron a las cuatro de la mañana. Llegaron con prisa, nos metieron en los guacales y salimos del apartamento a un viaje corto en carro. Después, con el frío de la madrugada nos sacaron y comenzaron el papeleo para nuestro primer viaje en avión (y último, espero). La encargada preguntó muchas cosas, nos pesaron, nos miraron,  a Mimí la enviaron a la bodega y yo me quedé en la sala de espera por un rato largo. Estaba confundido con la cantidad de olores nuevos y con los cambios, por lo que estuve dando maullidos de protesta hasta el momento de subir al avión.

Mimí - No podía creer que mi mamá iba a llevar a Jack en la cabina del avión y a mí me iban a enviar en la bodega. No sólo no era justo, sino que también la bodega estaba llena de olores muy fuertes y hacía mucho frío. Fue la hora y media más larga de mi vida. Cuando por fin me sacaron y me dí cuenta de que mi mamá y Jack estaban buscándome, dí un maullido de terror que impresionó a todos los viajeros que estaban esperando su equipaje.

Jack - El viaje en cabina también fue aterrador. Más sonidos y más olores nuevos... había algo así como dos animales más, viajando conmigo en la cabina. Un par de perros pequeñitos y callados supongo. También durante el viaje estuve haciendo maullidos de protesta pero ya estaba claro que de nada iban a servir. Al fin, el avión se detuvo y nos bajamos a buscar a Mimí entre el montón de maletas que tenían los pasajeros. Y la encontramos: MIAUUUUUUU! Pobre... parece que el viaje en bodega no es muy agradable. Siempre pensé que ella era la consentida, porque todo el tiempo le dicen princesa o nené... pero hoy quedó muy claro que soy el gato preferido de mi mamá, aunque a veces le muerda los dedos de los pies.

Mimí - En Pasto era una linda mañana azul y caminamos un trecho largo antes de encontrar a Carlos, el señor que habíamos contratado para llegar a la frontera. No podemos quejarnos del servicio. Nos llevaron con cuidado por una carretera de curvas interminables con una parada para revisarnos y ofrecernos agua. No quisimos tomar... seguramente la hubiéramos vomitado en el resto del trayecto.

Jack - Y llegamos al puente Rumichaca. Mi mamá desapareció un momento mientras hacía la fila equivocada para entrar a Ecuador sin haber salido de Colombia. Después de que la devolvieron, nos llevó por el puente hasta la salida de Colombia y otra vez de regreso hasta la entrada a Ecuador. En la entrada a Ecuador, la encargada del ingreso de animales preguntó si nos íbamos a quedar en el Ecuador o sólo veníamos de visita. Para poder nacionalizarnos teníamos que regresar a Colombia, volver a salir y volver a entrar a Ecuador. Así que nuestro actual estatus migratorio es que somos visitantes.

Mimí - Estaba haciendo mucho calor... otro rato de viaje, otra salida del carro y por fin llegamos a nuestro destino. Comenzamos a caminar por toda la casa nueva y a marcarla como nuestro nuevo territorio. Jack se apoderó del punto más alto del muro y ahora siempre se acuesta ahí. Yo me quedé con el guacal nuevo. Es mi nueva casa. Recientemente mi mamá, que me conoce, lo cubrió con tela de felpa y lo hizo mucho más elegante de lo que era. A Jack también le quedó una caja de cartón para esconderse de vez en cuando.

Jack - El juguete de plumas que nos trajeron de Colombia no duró mucho. A los pocos días de nuestra llegada nos lo comimos. No hemos usado mucho que digamos las gotas para la ansiedad. En cambio a mi me encanta el agua del lavadero, del canal de riego, de la llave el lavaplatos. La primera noche no dormimos ni dejamos dormir. Los ruidos del campo y todas las cosas nuevas nos tuvieron despiertos toda la noche y lloramos y rascamos todas las puertas hasta que ni mamá salió a hacernos compañía.

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