Mimí - No nos abandonaron... muy al contrario, todo lo que estaba pasando con nosotros tenía que ver con que nuestra mamá se iba a cambiar de país y nos estaba llevando con ella. Es bien sabido que los gatos no somos muy amigos de cambiar de casa a cada rato, ni mucho menos a cambiar de país, pero realmente es mejor pasar por todo ese proceso en lugar de ser abandonados en un refugio o en la casa de un nuevo humano que quien sabe si nos va a querer o no... sólo por eso le perdono a mamá el día del viaje que Jack y yo les vamos a contar.
Jack - Nos despertaron a las cuatro de la mañana. Llegaron con prisa, nos metieron en los guacales y salimos del apartamento a un viaje corto en carro. Después, con el frío de la madrugada nos sacaron y comenzaron el papeleo para nuestro primer viaje en avión (y último, espero). La encargada preguntó muchas cosas, nos pesaron, nos miraron, a Mimí la enviaron a la bodega y yo me quedé en la sala de espera por un rato largo. Estaba confundido con la cantidad de olores nuevos y con los cambios, por lo que estuve dando maullidos de protesta hasta el momento de subir al avión.
Mimí - No podía creer que mi mamá iba a llevar a Jack en la cabina del avión y a mí me iban a enviar en la bodega. No sólo no era justo, sino que también la bodega estaba llena de olores muy fuertes y hacía mucho frío. Fue la hora y media más larga de mi vida. Cuando por fin me sacaron y me dí cuenta de que mi mamá y Jack estaban buscándome, dí un maullido de terror que impresionó a todos los viajeros que estaban esperando su equipaje.
Jack - El viaje en cabina también fue aterrador. Más sonidos y más olores nuevos... había algo así como dos animales más, viajando conmigo en la cabina. Un par de perros pequeñitos y callados supongo. También durante el viaje estuve haciendo maullidos de protesta pero ya estaba claro que de nada iban a servir. Al fin, el avión se detuvo y nos bajamos a buscar a Mimí entre el montón de maletas que tenían los pasajeros. Y la encontramos: MIAUUUUUUU! Pobre... parece que el viaje en bodega no es muy agradable. Siempre pensé que ella era la consentida, porque todo el tiempo le dicen princesa o nené... pero hoy quedó muy claro que soy el gato preferido de mi mamá, aunque a veces le muerda los dedos de los pies.
Mimí - En Pasto era una linda mañana azul y caminamos un trecho largo antes de encontrar a Carlos, el señor que habíamos contratado para llegar a la frontera. No podemos quejarnos del servicio. Nos llevaron con cuidado por una carretera de curvas interminables con una parada para revisarnos y ofrecernos agua. No quisimos tomar... seguramente la hubiéramos vomitado en el resto del trayecto.
Jack - Y llegamos al puente Rumichaca. Mi mamá desapareció un momento mientras hacía la fila equivocada para entrar a Ecuador sin haber salido de Colombia. Después de que la devolvieron, nos llevó por el puente hasta la salida de Colombia y otra vez de regreso hasta la entrada a Ecuador. En la entrada a Ecuador, la encargada del ingreso de animales preguntó si nos íbamos a quedar en el Ecuador o sólo veníamos de visita. Para poder nacionalizarnos teníamos que regresar a Colombia, volver a salir y volver a entrar a Ecuador. Así que nuestro actual estatus migratorio es que somos visitantes.
Mimí - Estaba haciendo mucho calor... otro rato de viaje, otra salida del carro y por fin llegamos a nuestro destino. Comenzamos a caminar por toda la casa nueva y a marcarla como nuestro nuevo territorio. Jack se apoderó del punto más alto del muro y ahora siempre se acuesta ahí. Yo me quedé con el guacal nuevo. Es mi nueva casa. Recientemente mi mamá, que me conoce, lo cubrió con tela de felpa y lo hizo mucho más elegante de lo que era. A Jack también le quedó una caja de cartón para esconderse de vez en cuando.
Jack - El juguete de plumas que nos trajeron de Colombia no duró mucho. A los pocos días de nuestra llegada nos lo comimos. No hemos usado mucho que digamos las gotas para la ansiedad. En cambio a mi me encanta el agua del lavadero, del canal de riego, de la llave el lavaplatos. La primera noche no dormimos ni dejamos dormir. Los ruidos del campo y todas las cosas nuevas nos tuvieron despiertos toda la noche y lloramos y rascamos todas las puertas hasta que ni mamá salió a hacernos compañía.
Diario de gatos
miércoles, 21 de septiembre de 2016
viernes, 16 de septiembre de 2016
LOS DÍAS PREVIOS AL VIAJE
Jack - Nos dimos cuenta de que estábamos de viaje cuando empezaron las visitas al veterinario. Al principio parecía otro de los múltiples trasteos en los que hemos estado, con movimiento de cosas en la casa, paseo en camión y casa nueva; pero ésta vez el cambio incluyó entrar en el guacal, ser transportados por unas cuadras hasta la clínica donde se sienten tantos olores de animales diferentes, luego la acostumbrada cobija con olor a desinfectante y lo peor... el termómetro en el trasero... seguí la rutina de morder, rasguñar y maullar amenazadoramente al médico de turno y luego por suerte recibí una sola chuzada para la vacuna de rigor. Pero no fue sólo una visita, fueron muchas visitas iguales a ésta antes de tener listos los papeles para nuestra salida del país.
Y claro... hubo trasteo... El día del trasteo me guardaron en el baño porque me había hecho famoso con mis escapadas por el edificio. No me gustó la sensación de estar encerrado en el baño así que comencé a tratar de huir... saltar a las ventanas y sobre al lavamanos y ...zaz... se cayó el recipiente de vidrio que mi tía nos había dejado, se rompió, y me corté mi pata trasera. Estuve saltando por todas partes a causa del dolor y dejé el baño manchado de sangre como si hubiéramos tenido una masacre en el lugar. Mi pata estaba masacrada y nadie me sacaba de ahí.
Mimí - Ese día yo tenía mucho miedo y me escondí en los muebles de mi tía. Estuve quieta, en un rincón, sin respirar, esperando para ver si me iban a dejar. Mi papá me estuvo llamando por un rato largo y cuando llegó mi mamá se llevó a Jack al veterinario (porque el genio se había cortado una pata mientras hacía toda una escena en el baño). Todos se fueron... me dejaron sola... ahí me decidí a salir de mi escondite y ver que había quedado después de un día tan agitado. Al rato llegó mi mamá con Jack luciendo un collar isabelino. Esa noche y los días siguientes nos quedamos los tres durmiendo en el piso, mientras las cosas de la casa iban desapareciendo poco a poco.
Jack - Estuvimos durmiendo en el piso, unas veces solos y otras veces acompañados por mamá, otras por papá, también vino a vernos la novia de papá... fueron unos días extraños, estuve tomando remedios, recibiendo visitas, escuchando a los demás animales del edificio pero también estuvimos pasando mucho tiempo solos. Por ser el mayor, estuve al mando en la casa esos días.
Mimí - Y una tarde trajeron el guacal nuevo (que ahora me sirve de casa). Tenía un olor extraño y estaba todo envuelto en plástico transparente pero de inmediato me gustó. Tiene un diseño muy lindo con manchas de cebra en blanco y negro; me gusta incluso la puerta metálica. Mi mamá sabe que me gustan las cosas con diseño de animal print.
Jack - Finalmente se llevaron las cajas y las maletas que Mimí y yo ya habíamos marcado cuidadosamente en nuestros ratos de soledad, Yo había escogido la maleta gris grande y ella se había quedado con la maleta morada. Las cajas de mi papá eran mías desde hacía rato (dormía en ellas en las tardes de sol) y las de mi mamá se las había dejado a Mimí para que ella las marcara (o debo decir destrozara con sus uñas chiquitas y afiladas). También era de ella el canasto de la ropa sucia, que ahora estaba lleno hasta el tope de enseres recién salidos de todos los estantes.
Mimí - Y esa noche, nos visitaron temprano, nos dejaron un poquito de comida y de agua y se fueron. Me quedé pensando si así es como se sienten los animales que van a ser abandonados cuando sus dueños los visitan por última vez.
Y claro... hubo trasteo... El día del trasteo me guardaron en el baño porque me había hecho famoso con mis escapadas por el edificio. No me gustó la sensación de estar encerrado en el baño así que comencé a tratar de huir... saltar a las ventanas y sobre al lavamanos y ...zaz... se cayó el recipiente de vidrio que mi tía nos había dejado, se rompió, y me corté mi pata trasera. Estuve saltando por todas partes a causa del dolor y dejé el baño manchado de sangre como si hubiéramos tenido una masacre en el lugar. Mi pata estaba masacrada y nadie me sacaba de ahí.
Mimí - Ese día yo tenía mucho miedo y me escondí en los muebles de mi tía. Estuve quieta, en un rincón, sin respirar, esperando para ver si me iban a dejar. Mi papá me estuvo llamando por un rato largo y cuando llegó mi mamá se llevó a Jack al veterinario (porque el genio se había cortado una pata mientras hacía toda una escena en el baño). Todos se fueron... me dejaron sola... ahí me decidí a salir de mi escondite y ver que había quedado después de un día tan agitado. Al rato llegó mi mamá con Jack luciendo un collar isabelino. Esa noche y los días siguientes nos quedamos los tres durmiendo en el piso, mientras las cosas de la casa iban desapareciendo poco a poco.
Jack - Estuvimos durmiendo en el piso, unas veces solos y otras veces acompañados por mamá, otras por papá, también vino a vernos la novia de papá... fueron unos días extraños, estuve tomando remedios, recibiendo visitas, escuchando a los demás animales del edificio pero también estuvimos pasando mucho tiempo solos. Por ser el mayor, estuve al mando en la casa esos días.
Mimí - Y una tarde trajeron el guacal nuevo (que ahora me sirve de casa). Tenía un olor extraño y estaba todo envuelto en plástico transparente pero de inmediato me gustó. Tiene un diseño muy lindo con manchas de cebra en blanco y negro; me gusta incluso la puerta metálica. Mi mamá sabe que me gustan las cosas con diseño de animal print.
Jack - Finalmente se llevaron las cajas y las maletas que Mimí y yo ya habíamos marcado cuidadosamente en nuestros ratos de soledad, Yo había escogido la maleta gris grande y ella se había quedado con la maleta morada. Las cajas de mi papá eran mías desde hacía rato (dormía en ellas en las tardes de sol) y las de mi mamá se las había dejado a Mimí para que ella las marcara (o debo decir destrozara con sus uñas chiquitas y afiladas). También era de ella el canasto de la ropa sucia, que ahora estaba lleno hasta el tope de enseres recién salidos de todos los estantes.
Mimí - Y esa noche, nos visitaron temprano, nos dejaron un poquito de comida y de agua y se fueron. Me quedé pensando si así es como se sienten los animales que van a ser abandonados cuando sus dueños los visitan por última vez.
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